Es tiempo de Avanzar

La iglesia es el cuerpo de Cristo y cada miembro es parte importante de él. La Pastora Joyce Meyer nos enseña que Dios nos ha dado a todos dones y talentos para que sean usados para su gloria.



La fe toma el primer paso antes que sepa cuál es el paso número dos. Si está esperando a tener todos los planos de su vida y saber todo lo que va a pasar entonces está en el plan equivocado, porque así no opera Dios. Él nos muestra su plan de un paso a la vez. Debe tomar el riesgo de equivocarse para saber si está en lo correcto. Si no está dispuesto a equivocarse entonces nunca seguirá adelante con Dios.

Solo tiene que dar el paso adelante creyendo que Dios puso algo en su corazón. Solo porque tome una decisión equivocada no significa que este mal, no es el fin del mundo. Significa que está en medio de su búsqueda, descubriendo lo que Dios quiere que haga. Dios aprecia esa clase de audacia.

Cualquiera que piensa que puede hacer lo que siempre ha hecho es un necio, porque siempre hay cosas que cambian en nuestras vidas. Nuestra meta número uno debe ser el ser dirigidos por el Espíritu Santo.

Nuestra meta número uno debe ser el ser dirigidos por el Espíritu Santo.

La vida guiada por el Espíritu es una vida de mucha aventura. Cada uno de nosotros tiene algún don o talento que Dios nos ha dado. Pero debemos tener mucho cuidado de no dejar que los celos nos causen querer lo que otro tiene. Así como nuestro cuerpo es uno y no tiene celos una parte del otro.

Cada creyente es parte importante del cuerpo de Cristo y Dios ha dispuesto en su sabiduría que cada parte tenga su propia función dentro de él. Por esta causa no debemos sentir envidia por los dones y talentos de los demás. Dios nos da a cada uno según nuestra habilidad y para que sea de provecho para el cuerpo.

El Señor no nos da más allá de nuestra habilidad para que no vivamos estresados, ya que el estrés muchas veces viene de compararnos y competir con otros. Pero nuestro valor no viene por lo que hacemos para el Señor, sino por quienes somos en Cristo.

Procuremos hacer buenas obras pero por las razones correctas, es decir, no para que Dios nos ame más porque Él ya nos ama perfectamente, sino porque nosotros le amamos a Él y deseamos obedecer.

Debemos enfocarnos que allí en donde estemos es el deseo de Dios que seamos de bendición para otros.

La única manera de entrar al gozo de nuestro Señor, es decir ser felices, es invertir nuestra vida y todos los dones y talentos para la gloria de Dios.


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