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Itiel Arroyo

No Pelees esa Batalla

Itiel Arroyo

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Predica No pelees esa batalla Itiel Arroyo

Dios desea moldear el carácter Cristo a través de las presiones que causan las injusticias que sufrimos.

La presión divina que moldea a las personas, Itiel la llama “la presión de la injusticia. Hombres y mujeres de Dios han tenido que enfrentar injusticias en sus vidas y cómo han aprendido a responder correctamente a ellas.

David, un hombre cuyo corazón fue moldeado bajo la presión de la injusticia, enfrentando al rey Saúl, quien lo trató de manera injusta y hostil. Todos aquellos que tienen el diseño divino de Dios en sus vidas, también enfrentarán presiones e injusticias.

¿Cómo respondemos ante las injusticias que vienen de personas cercanas, quienes forman parte de nuestro círculo social más íntimo? Nuestra respuesta determinará si nuestro corazón se forma a la imagen de Dios o se deforma a la imagen de Satanás.

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Todos tenemos nuestro “Saúl” en la vida, una persona cercana que nos trata injustamente y nos causa dolor. Esta persona puede ser un enemigo íntimo que nos desafía a crecer y a responder con sabiduría y amor.
David, en un momento en que Saúl le arrojó una lanza, no devolvió el golpe ni se defendió con violencia. En lugar de eso, David mantuvo su mano en el arpa y adoró a Dios en medio de la injusticia. Esta actitud demuestra el verdadero coraje y valentía de David al resistir la tentación de responder con violencia. La verdadera batalla es interna, la que se libra en el corazón.

Debemos confiar en la mano de Dios en lugar de actuar por nuestra propia justicia. Es al mantenernos en la presencia de Dios y adorarlo en medio de la injusticia que podemos matar al Saúl interno y ser moldeados a la imagen de Dios.
Jesús también enfrentó la lanza de la injusticia en la cruz, aceptando el sufrimiento y la persecución para convertir a sus enemigos en amigos.

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Itiel Arroyo

Ellos Pueden, tú no

Itiel Arroyo

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Predica itiel Arroyo Ellos pueden, tu no

Renunciar a nuestros derechos es una idea radical que puede sacudirnos hasta lo más profundo. Esta relato predica nos lleva a reflexionar sobre lo que significa entregarse por completo a una causa mayor que uno mismo.

Yo tuve una conversación con un hombre de Dios en España, un pionero del evangelio me senté a tomar un café con él y él me contaba como siendo pionero tuvo que enfrentar la crítica.

Mucha gente les señalaba por ser evangélico en una España católica de la dictadura franquista, y él asumió esto y no sólo eso fundó una iglesia y en vez de comprar un buen coche decidió comprar una furgoneta .Era la típica furgoneta pastoral que él usaba para ir por el pueblo a recoger a todos los hermanitos para llevarlos después al culto y él me decía que él nunca llegó a comprar una casa porque todo su dinero lo invirtió en construir la iglesia y me decía, “muchos veranos no nos íbamos de vacaciones a la playa porque nos quedábamos a repartir folletos, hacer discipulado.

Mientras me contaba todo esto yo lloraba y decía “pobre hombre” y en un momento le dije “cuánto sufriste por el evangelio lo siento muchísimo” y él me dijo “no seas estúpido el que tiene que llorar soy yo por ti si no has descubierto qué significa entregar aquello que no puedes retener para ganar aquello que jamás podrás perder, no estás hablando con un hombre pobre, estás hablando con un hombre rico yo he decidido invertir no en aquello que se esfuma sino en aquello que permanece por toda la eternidad.”

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¿Tú estás dispuesto a renunciar a tus derechos?

Fui tan impactado con las palabras de este hombre que me presenté delante de mi pastor y dije “pastor, quiero hacerme un esclavo de Jesús.”
¿Qué te gustaría hacer? Te doy una idea le dije, predicar por ejemplo y me dijo “está bien acompáñame el próximo sábado a la plaza”.
Lo recuerdo muy bien, era un sábado soleado el pastor y yo solos en una plaza en el norte de España con unos folletos repartiendo en la calle. Yo pensé que iba a predicar en un púlpito pero el desgraciado me puso en la calle repartiendo folletos.

La gente agarraba los folletos los miraba los arrojaba y nos los tiraban en la cara y de repente me llegó un sms de mis amigos que se estaban yendo a la playa y me decían ”Itiel ¿por qué no te vienes a la playa con nosotros?” Todo amargado le dije a Dios “¿acaso yo no tengo derecho a ir a la playa? estoy de lunes a viernes en el colegio estudiando, el domingo todo el día en la iglesia, solo te pido el día sábado para irme a la playa con mis amigos ¡mira esos desgraciados que van a la playa y encima tú los bendices! y escuché la voz de Jesús como una bofetada en mi corazón que me dijo “ellos pueden pero tú no, tú eres mi esclavo ¿lo recuerdas?

He descubierto que todo tenía sentido, pero si tú todavía no has experimentado esa santa injusticia de Dios diciéndote “ellos pueden pero tú no, tú eres mi esclava eres mía, me perteneces, todo tu tiempo todo tu cuerpo todos tus recursos todos tus talentos no te pertenecen son míos…pero a cambio recibirás un gozo que este mundo no puede entender que es la sonrisa de tu amo y tú Señor Jesucristo diciéndote “bien hecho.”

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Uniendo lo que está roto

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Predica itiel Arroyo Uniendo lo que está roto

La unidad es una nueva manera de ver a las personas que te rodean, la unidad es una manera de ver diferente, no desde arriba hacia abajo sino desde abajo hacia arriba.

La unidad quizá, considero, que es algo que teme el infierno más que cualquier otra cosa. Al leer los evangelios y al observar a esa panda de discípulos siempre debatiendo entre ellos acerca de cuál de ellos es el mayor en el reino de Dios o haciéndole a Jesús preguntas como ¿Jesús cuantas veces debemos perdonar a ese desgraciado hermano mío?

Es fácil ponernos sobre una plataforma de superioridad moral y juzgarlos como discípulos infantiles, pero déjame preguntarte algo ¿somos nosotros mejores que esos discípulos? porque somos capaces de ver a Jesús encarnado, que es Dios metiéndose dentro de piel y hueso la divinidad contenida en carne humana que es el acto de mayor humillación de todo el universo, y aún así seguir discutiendo entre nosotros quién es el mayor quién tiene razón.

La iglesia no es un modelo terrenal sino que es un modelo celestial. Jesús desea que seamos uno como el Padre y él son uno.

Lo que hizo Jesús fue escandaloso para la mente de los discípulos. Se puso de pie, se quitó su manto de rabino, se ciñó una toalla a la cintura y comenzó a lavar los pies de sus discípulos. Había tensión en el ambiente hasta que de repente Pedro dijo lo que todo el mundo estaba pensando. “Tu maestro, a mí lavarme los pies jamás.”

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Jesús miró a Pedro y le dijo: “Pedro, si no te lavo los pies no vas a tener parte conmigo.” Lo que Jesús le estaba diciendo: ”Pedro, si te lavo los pies estaré construyendo una plataforma sobre la cual crear una relación entre tú y yo.”

Si había un grupo difícil de unir en todo el planeta tierra fue esta banda de discípulos que Jesús eligió.
Había un zelote nacionalista judío con un publicano funcionario del imperio romano en el mismo equipo. Pescadores, letrados y fariseos doctos en el mismo movimiento. Mujeres y hombres aprendiendo juntos. Amos y esclavos llamándose hermanos.

Jesús no espero que la unidad surgiese, él provocó la unidad.

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Jesús intenta enseñarnos algo que la iglesia todavía no ha aprendido, que la unidad no es una idea, no es un discurso, no es una filosofía, no es un papel escrito con acuerdos de obligaciones y responsabilidades. La unidad es una nueva manera de ver a las personas que te rodean, la unidad es una manera de ver diferente, no desde arriba hacia abajo sino desde abajo hacia arriba. No desde la superioridad a la inferioridad sino desde la humillación a la honra.

Veamos tres movimientos que se desprenden de este precioso relato.

Inclinarse frente al otro

Inclinar el corazón es un acto de humillación. Nuestro orgullo es el mayor enemigo de la unidad. El texto dice que “Jesús sabiendo que el padre le había dado todas las cosas en las manos y que había salido de Dios y a Dios iba, se ciñó una toalla de esclavo.”

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El que sabe quién es puede humillarse.
Jesús sabía que era el rey del universo pero no tuvo el problema de hacer la labor del esclavo más sencillo de la casa.
Cuando sabes quién eres no tienes la necesidad de demostrar nada.
Me he dado cuenta de lo peligroso que es un cristiano que tiene autoridad en sus manos pero tiene inseguridad en el corazón porque cuando no sabes quién eres por dentro quieres andar demostrando por fuera.

Ver correctamente la suciedad del otro

Lo que Jesús le estaba diciendo a Pedro es “tus pies están sucios por el polvo del camino, por los errores de la vida cotidiana, pero tú eres una persona limpia.”
El polvo en los pies de Pedro no define su corazón.
Jesús vio los pies sucios de Pedro pero entendió que esa suciedad no definía quién era él.

Verter gracia

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Cuando Jesús lavó los pies de sus discípulos no solo vertió sobre esos pies agua sino que vertió gracia
¿No te has dado cuenta de que Jesús lavó los pies que unas horas después iban a correr para abandonarlo?
Jesús lavó los pies de uno llamado Tomás que siempre estaba dudando de él, que siempre le estaba cuestionando ¿sabes lo que hace Jesús con los que dudan? ¿Sabes lo que hace Jesús con los que le cuestionan? Les lava los pies, vierte gracia.

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Avergonzados

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Predica Avergonzados Itiel Arroyo

La historia de Adán y Eva en el Jardín del Edén no solo marca el origen del pecado, sino que también revela una lucha fundamental en la experiencia humana: la vergüenza y la desconexión.

 

Adán y Eva tuvieron una conversación peligrosa con la serpiente. Y es así como comienzan todos los desastres en nuestra vida. La serpiente no dice; insinúa. Dice “quizás Dios no es tan bueno como parece”, insinúa que quizás Dios les este escondiendo un secreto detrás de la prohibición de no comer el fruto del árbol.

¿Qué es lo que estaba intentando hacer la serpiente? Sembrar una duda acerca de la bondad de Dios en la mente de los seres humanos.
Ellos experimentan por primera vez la vergüenza. Fue algo terrible para ellos y decidieron tomar control sobre la vergüenza que estaban experimentando.
Fuimos creados con una necesidad fundamental como seres humanos.

Sentirnos conectados con otros seres humanos. Anhelamos verdadera conexión, anhelamos intimidad verdadera.
Dios creó a los seres humanos con una necesidad que ni Dios mismo puede suplir. La necesidad de sentirnos conectados. Adán tenía a Dios en el paraíso, tenía todos los beneficios del paraíso, pero aún así Dios sabía que la soledad de Adán no era buena.

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Pero ¿Cuál es nuestro mayor obstáculo para alcanzar esa conexión tan anhelada con otro ser humano? La vergüenza. Cuando hablo de vergüenza no estoy hablando del miedo a hablar en público o algo parecido sino del dolor que se siente en nuestra identidad.

Existe una diferencia ente la culpa y la vergüenza. La culpa es el dolor que sentimos por algo que hemos hecho, pero la vergüenza es el dolor que sentimos por algo que creemos que somos. La culpa está ligada al comportamiento, pero la vergüenza está ligada a la identidad.
Si hay algo que nos iguala es que todos sentimos vergüenza.

¿Cómo surge la vergüenza dentro de nosotros? Surge al escuchar y creer la voz equivocada. Por eso Dios le pregunto a Adán ¿Quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿A qué voz estamos escuchando? ¿A qué voz hemos dado autoridad para definirnos?

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La vergüenza siempre surge en nosotros cuando escuchamos la voz de la serpiente cuyo objetivo es sembrar una mentira en esa parte de nuestra identidad. Creer una mentira le da poder sobre nosotros al mentiroso.

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La Poda: Cuando Dios te procesa para extraer tu potencial

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Predicación La poda Itiel Arroyo

En la vida espiritual, a menudo nos encontramos con momentos de incertidumbre y desconcierto al tratar de comprender los caminos y propósitos de Dios. Esta dificultad para entender plenamente su manera de obrar nos recuerda nuestra condición humana y la grandeza de nuestro Dios.

No es una nueva revelación que muchas veces nos cuesta entender como obra nuestro Dios. Lógicamente, si pudiéramos entender cabalmente su manera de obrar, pues ya no sería Dios.
¿Por qué algunas oraciones reciben contestación y otras aparentemente no?

A veces Dios no hace algo para ti porque lo él quiere hacer es algo en ti. Quizás llegamos a pensar que hemos sido olvidados cuando en realidad estamos siendo procesados. Dios está más interesado en hacer algo en mí a través de ese proceso de quebranto que estoy experimentando. Tal vez el Señor no quiera cambiar las circunstancias porque lo que quiere es transformarme a mí.
Lo que haga el Señor para mí será temporal pero lo haga en mi permanecerá eternamente.

Su deseo es desarrollar nuestro carácter en medio de la prueba, que nuestra fe, nuestra paciencia y virtud crezca. Esto trasciende a la eternidad. Nuestro dolor tiene sentido en Dios.
Es muy esperanzador pensar en mí dolor como algo que tiene sentido.

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Las virtudes más hermosas en nuestro corazón se desarrollan no en tiempos de calma sino en tiempos de dolor. ¿Cómo se desarrolla la virtud del perdón? Pues, bajo el dolor de la ofensa. ¿Cómo se desarrolla la virtud de la paciencia? Bajo el dolor de una promesa que tarda en cumplirse. Las virtudes que tienen más valor en el cielo necesitan dolor para ser desarrolladas dentro de nosotros.
Todas esas preciosas virtudes del corazón requieren que seamos quebrantados.

Todo discípulo que está produciendo fruto será podado por Dios para que dé más. Si Dios no nos está podando entonces deberíamos de estar preocupados, porque él poda a sus árboles favoritos.

Muchas veces Dios permite las temporadas de invierno donde nos sentimos fríos, donde parece que Dios está lejos, no oímos su voz. Pero estas temporadas son necesarias para nuestro crecimiento, es ahí donde echamos raíces profundas en nuestra fe.

Pareciera que Dios me está matando, pero me está podando. Está extrayendo el potencial que está retenido en mí. La poda no es un castigo, sino que es un trato a nuestro exceso de hojas. La poda es un trato a nuestro ego. El resultado de la poda será impresionante porque pronto llegará la primavera y el fruto será excelente, de mayor calidad para el Labrador.

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¿Quién soy?

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Predica ¿Quién soy?

Nada en la vida va a condicionar la manera en que vamos a vivir como la respuesta que demos a esta pregunta.

Nada en la vida va a condicionar la manera en que vamos a vivir como la respuesta que demos a esta pregunta. Todo en tu vida está conectado con quién crees que eres.

La psicología dice: “si quieres saber quién eres tienes que mirar hacia adentro, tienes que auto descubrirte.” Pero el único lugar seguro para buscar la respuesta a esa pregunta es el corazón del Padre. El Padre lleva una eternidad pensando en sus hijos. El salmo 139 dice que sus pensamientos son más que los granos de arena. La mayor reserva de pensamientos acerca de mí en todo el universo se encuentra en el corazón del Padre.
No puedes permitirte tener un pensamiento acerca de ti mismo que el Padre no piense de ti.

Vemos en la vida de Jesús antes de empezar su ministerio público recibe del Padre la afirmación más poderosa acerca de quién es él: “este es mi hijo amado en quien tengo complacencia.” Estas palabras fueron todo lo que Jesús necesitó para ser impulsado hacia su destino. Estas palabras le equiparon para lo sobrenatural, lo mantuvieron enfocado hacia la consumación de su vida a pesar de la oposición, la crítica, la persecución. De la identidad asumida brota el poder.

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Una iglesia que hace temblar el infierno es la iglesia que sabe quién es. Hay una autoridad en aquel que sabe quién es.

El Padre no le dio a Jesús una función sino que le dio una relación.

El titulo más poderoso que el Padre podría darle a Jesús no era una función, era una relación.
Erramos cuando estamos obsesionados por encontrar nuestra identidad en una función que realizamos en vez de una relación que tenemos con el Padre.

Es más importante ser que hacer.
No hay nada más poderoso en esta tierra que ser hijo. La posición más alta que el Padre puede darnos no es la de apóstoles, profetas, teólogos. Es la de hijo.

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Desmontando la Ansiedad

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Predica Desmontando la ansiedad

En esta ocasión, el pastor Itiel nos presenta un mensaje sobre la ansiedad y la manera en que podemos hallar sanidad en el amor de nuestro Padre.

Jesús les dijo a sus discípulos: “pasemos al otro lado…” Seguir a Jesús muchas veces es incómodo, porque seguir a Jesús se trata de salir de este lado de lo conocido e ir al otro lado de lo desconocido. Se trata de salir de nuestra zona de confort y seguridad y enfrentarnos a nuevos desafíos para los cuales creemos que no estamos capacitados.

A los seres humanos nos encanta lo conocido y es por una sencilla razón, somos adictos al control. Pero a Jesús le encanta impulsarnos a lo desconocido por otra sencilla razón, liberarnos del afán de tenerlo todo controlado.

Que haya una tormenta en nuestro caminar no significa que vamos en una mala dirección. Jesús no nos promete una vida carente de tormentas. Lo que si nos promete que es posible tener paz en medio de las tormentas.
La tormenta que es provocada por Satanás para hundirnos, Dios la transforma en la prueba para promocionarnos.
Hay niveles de madurez en el carácter que sólo se pueden desarrollar en el ojo del huracán. Las virtudes más elevadas en el carácter no se desarrollan en tiempos de calma, sino que se desarrollan en tiempos de tormenta.

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Una señal de madurez de carácter es tener paz en medio de la tormenta.
Solo podremos tener autoridad sobre la tormenta en la que logramos reposar.

El tema es que fuera de nosotros siempre existirán las tormentas, no podemos evitarlas. La ansiedad es cuando la tormenta de afuera logra meterse en nuestra mente.

A través del relato del evangelio podemos ver las dos maneras de transitar una tormenta. Por un lado, los discípulos desesperados y llenos de temor, y Jesús en completa paz.

¿Qué es lo que nos enseña el ejemplo de Jesús atravesando esa tormenta acerca de la ansiedad?

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Las circunstancias que nos rodean no son las responsables de nuestra ansiedad.
Es nuestra manera de pensar acerca de las circunstancias que nos rodean lo que provoca la ansiedad. La ansiedad es producto de un proceso mental, surge en nuestro mundo interior.

En definitiva la ansiedad revela nuestra falta de fe en Dios. En otras palabras, la ansiedad es un tipo de incredulidad. Está ligada a una mente huérfana.

Nuestra fe debe estar puesta en la bondad y en la soberanía de nuestro Padre, pues Él tiene el control de todo lo que nos está ocurriendo y hará siempre lo mejor. El comienzo de la sanidad de la ansiedad es el descubrimiento de Aquel que está con nosotros en la barca, atravesando la tormenta a nuestro lado.

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