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Max Lucado

Ahora puedes Descansar

Max Lucado

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Predica Max Lucado Ahora puedes descansar

¿Es suficiente ser buenos para alcanzar la salvación? ¿Qué tan bueno deberíamos ser?

Yo la conservo colgada en mi closet, no para ocultarla no sino para verla.
Ninguna mañana sería completa sin la gratificante mirada a esta multitud de premios. Si alguna vez te ganaste una banda al mérito como chico explorador entenderás el afecto que les tengo.

Cada una de las insignias premió mi duro trabajo. Por ejemplo, crucé un lago para ganar la insignia en canoa, nade para ganar la insignia de natación y talle un tótem y gané la insignia de carpintería y tallado en madera.
¿Podría existir algo más gratificante que ganar insignias al mérito? Oh si, mostrarlas a todos lo cual hacía cada jueves cuando llevaba el uniforme de chico explorador.

Me convertí en cristiano más o menos por la misma época en que fui niño explorador. Para mí fue lógico asumir los grados de Dios en un sistema de méritos. A los buenos chicos se les premia. Con las personas buenas ocurre lo mismo, las buenas personas van al cielo.
Entonces decidí que debería reunir una multitud de insignias espirituales y una biblia dorada para leer la Palabra. Junté mis manos para orar, dormía en la banca para asistir a la iglesia tiempo.

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Pero algunas preguntas difíciles salieron a flote. Por ejemplo, si Dios salva a las buenas personas ¿Qué tan bueno hay que ser? Dios espera integridad en el discurso, pero ¿Qué tanto? ¿Cuál es el porcentaje permitido de exageración?

Imagina que se requiere un puntaje de 80 y yo hice 79 entonces ¿Cómo saber tu puntaje?
Muchas personas se apegan al supuesto de que Dios salva a las personas buenas así que ¡por todos los cielos, sé bueno, sé ético, sé honesto!
Insignias al mérito. Pero ¿Qué nivel de bondad es en realidad bueno?

Dios tiene una mejor idea. Escucha la siguiente invitación. Por mi gracia será salvado a través de la fe, y no lo serás por ti mismo. Este es un regalo de Dios, no contribuimos en nada.
La salvación del alma no se gana, es un regalo. Nuestros méritos no tienen mérito. La obra de Dios se merece todo.
Dios en su infinita bondad nos declara inocentes lo ha hecho a través de Cristo Jesús quien nos liberó de nuestros pecados, porque Dios envió a Jesús para recibir el castigo por nuestros pecados y satisfacer la ira de Dios en nuestra contra.

Ahora estamos bien con Dios cuando creemos que Jesús derramó su sangre sacrificando su vida por nosotros.
Dios no pasó por alto tus pecados solo los endosa, él no te castiga mucho menos te destruye, en su lugar encuentra la forma de castigar al pecado y salvar al pecador.

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Gracias a Dios por el día que Jesús tomó tu lugar por el día de gracia que te pasó a ti.

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Max Lucado

Jesús se arrodilla para Tomar nuestro Lugar

Max Lucado

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Max Lucado reflexiona acerca de la gracia

La gracia es más grande de lo que imaginamos y más de lo que merecemos…Max Lucado nos relata el episodio en donde Jesús salva a la mujer sorprendida en adulterio.

Ella apenas tuvo tiempo de cubrir su cuerpo antes de que caminaran por las estrechas calles. Los perros ladraban, los gallos corrían, las mujeres se asomaban por las ventanas. Las madres quitaban a los niños del camino, los comerciantes se asomaban desde sus tiendas.

Jerusalén se convirtió en un jurado de brazos cruzados y miradas fija, ya con un veredicto de culpable. Y si no fue suficiente la redada y el desfile de la vergüenza para ellos, los hombres la arrastraron en medio de una clase bíblica matutina.

Juan 8:4 “…Maestro, a esta mujer se le ha sorprendido en el acto mismo de adulterio. En la ley Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices?”

Los asombrados estudiantes se quedaron de un lado, los piadosos demandantes del otro. Tenían sus dudas y convicciones. “Esta mujer fue sorprendida” dijeron “hallada en el preciso instante del adulterio”.
La mujer no tenía salida, fue sorprendida ¿Suplicar por misericordia? ¿de quién? ¿de Dios? Sus portavoces apiñaban rocas y piedras, solo vociferaban. Nadie hablaría por ella.

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Pero alguien se arrodillaría por ella.
Jesús se inclinó y escribió en la arena. Se inclinó más que nadie, a los pies de los sacerdotes del pueblo, incluso de aquella mujer. Los acusadores la miraban pero para mirar a Jesús tenían que mirar aún más abajo.

Se inclinó para lavar pies, para abrazar a los niños, para sacar a Pedro del mar, para orar en el jardín. Lo hizo ante el poste romano de los flagelos, lo hizo para cargar la cruz.

La gracia es un Dios que se arrodilla.
Se arrodilló en nombre de la mujer. Se puso a sí mismo entre ella y la turba, y dijo “si, lapídenla, pero aquellos que jamás han pecado que arrojen la primera piedra.” Los acusadores cerraron sus bocas y las piedras cayeron al suelo.

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Jesús le pregunta a la mujer: “¿Dónde están tus acusadores?” Que curiosa pregunta, no solo para ella sino también para nosotros.
Voces que nos condenan. Voces que nos dicen “no eres tan bueno”, “jamás mejorarás”, “fallaste otra vez.” Esas voces en nuestro mundo y las voces en nuestras cabezas.

El apóstol Juan lo llamó el “acusador”, el que acusa a nuestros hermanos y hermanas frente a nuestro Dios día y noche. A diferencia de la convicción del Espíritu Santo, las condenas de Satanás no traen ningún arrepentimiento, ninguna solución, solo traen rencor y su objetivo matar, hurtar y destruir. Robar nuestra paz, asesinar nuestros sueños y destruir nuestro futuro.

La condena, este es el producto preferido por Satanás, y si lo dejas, él repetirá el escenario de la mujer adultera contigo mientras tú se lo permitas. Pero él no tendrá la última palabra porque Jesús ha actuado en tu nombre.
Él se arrodillo tanto por ti como para dormir en un pesebre, trabajar en una carpintería, lo hizo para dormir en un bote pesquero. Tan bajo para ser escupido, abofeteado, clavado, lastimado y sepultado.

Pero él se levanto por la mujer y silenció a sus acusadores y él hace lo mismo por ti. En la presencia de Dios, desafiando a Satanás, Jesucristo se levanta en tu defensa asumiendo el papel de sacerdote.

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Cristo ofrece una eterna intercesión ante el Padre en nuestro nombre. Tenemos un abogado con el Padre, a Jesucristo el justo. Así que por lo tanto no habrá ninguna condenación para aquellos que están en Cristo Jesús.
La gracia es más grande de lo que imaginamos y más de lo que merecemos.

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Max Lucado

La Gracia le da Forma a la Vida

Max Lucado

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Max Lucado enseña acerca de la Gracia

Max Lucado reflexiona acerca de la gracia de Dios y como esta puede transformar el corazón de cualquier persona.

Hace algunos años me sometí a una operación de corazón. Mis latidos tenían la regularidad de un operador de telégrafos enviando mensajes en código Morse, rápido, rápido, rápido y luego lento.

Después de varios intentos fallidos por restaurar el ritmo cardiaco con medicina, mi doctor decidió que era necesario implantar un catéter de ablación. El plan sería el siguiente: un cardiólogo insertaría dos cables en mi corazón a través de un vaso sanguíneo. Uno seria la cámara y el otro una herramienta de ablación.
Pero ¿qué es una ablación? Es quemar, cauterizar, incendiar, flamear. Si todo sale bien, el doctor usando su sistema destruiría las partes rebeldes de mi corazón.

El doctor me dijo mientras me llevaban al quirófano si tenía alguna última pregunta (esa no fue una buena elección de palabras) entonces intenté de ser ingenioso. Le dije: ¿va a quemar usted el interior de mi corazón, eso es correcto? Él dijo que sí.

Así que le dije: “mientras que usted anda por ahí ¿podría tomar su pequeño soplete para eliminar mi codicia, egoísmo, superioridad y culpa? Él sonrió y contesto: “esta fuera de mi mano.”

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Pero gracias a Dios esto no está fuera de sus manos. Nuestro Dios es el experto en cambiar los corazones. Sería un error creer que un corazón logre cambiar de repente. Pero también sería un grave error asumir que ese cambio en lo absoluto llegará. Este vendrá poco a poco. Quizás no luzca como un gran avance, pero vendrá.

La Biblia dice que la gracia de Dios que trae la salvación ha aparecido. Solemos usar la esta palabra muy a menudo y en todos los ámbitos, pero quisiera saber si en realidad la entendemos.
Me parece que nos conformamos con una débil gracia, con una gracias humilde que ocupa una frase en un himno. Aparece en un lindo letrero de la iglesia, pero que jamás causa problemas, jamás existe una respuesta.

Existe una pregunta que es profunda ¿Hemos cambiado por la gracia? ¿Hemos sido modelados por ella? ¿Fortalecidos por la gracia?

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La gracia de Dios es como una inundación, como una gran fuerza, como aguas revueltas, como rápidos que vas arrastrando todo a su paso. La gracia viene en tu búsqueda, te reconecta de la inseguridad a la seguridad en Dios, del agobio profundo a la sensación de libertad. Del temor a morir a estar listo para volar. La gracia es la voz que te llama para cambiar y nos da el poder de llevarlo a cabo.

Cuando la gracia se manifiesta no es para recibir un lindo cumplido de Dios pero si un nuevo corazón. Dale tu corazón a Cristo y él te retornará el favor. La Biblia nos dice: “Yo te daré un nuevo corazón y pondré un nuevo espíritu en ti.” Esto puede llamarse un trasplante de corazón espiritual.

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