La Poda: Cuando Dios te procesa para extraer tu potencial

EL pastor Itiel nos habla acerca del trato de Dios a través de los quebrantos.




No es una nueva revelación que muchas veces nos cuesta entender como obra nuestro Dios. Lógicamente, si pudiéramos entender cabalmente su manera de obrar, pues ya no sería Dios.
¿Por qué algunas oraciones reciben contestación y otras aparentemente no?

A veces Dios no hace algo para ti porque lo él quiere hacer es algo en ti. Quizás llegamos a pensar que hemos sido olvidados cuando en realidad estamos siendo procesados. Dios está más interesado en hacer algo en mí a través de ese proceso de quebranto que estoy experimentando. Tal vez el Señor no quiera cambiar las circunstancias porque lo que quiere es transformarme a mí.
Lo que haga el Señor para mí será temporal pero lo haga en mi permanecerá eternamente.

Su deseo es desarrollar nuestro carácter en medio de la prueba, que nuestra fe, nuestra paciencia y virtud crezca. Esto trasciende a la eternidad. Nuestro dolor tiene sentido en Dios.
Es muy esperanzador pensar en mí dolor como algo que tiene sentido.

Todas esas preciosas virtudes del corazón requieren que seamos quebrantados.

Las virtudes más hermosas en nuestro corazón se desarrollan no en tiempos de calma sino en tiempos de dolor. ¿Cómo se desarrolla la virtud del perdón? Pues, bajo el dolor de la ofensa. ¿Cómo se desarrolla la virtud de la paciencia? Bajo el dolor de una promesa que tarda en cumplirse. Las virtudes que tienen más valor en el cielo necesitan dolor para ser desarrolladas dentro de nosotros.
Todas esas preciosas virtudes del corazón requieren que seamos quebrantados.

Todo discípulo que está produciendo fruto será podado por Dios para que dé más. Si Dios no nos está podando entonces deberíamos de estar preocupados, porque él poda a sus árboles favoritos.

Muchas veces Dios permite las temporadas de invierno donde nos sentimos fríos, donde parece que Dios está lejos, no oímos su voz. Pero estas temporadas son necesarias para nuestro crecimiento, es ahí donde echamos raíces profundas en nuestra fe.

Pareciera que Dios me está matando, pero me está podando. Está extrayendo el potencial que está retenido en mí. La poda no es un castigo, sino que es un trato a nuestro exceso de hojas. La poda es un trato a nuestro ego. El resultado de la poda será impresionante porque pronto llegará la primavera y el fruto será excelente, de mayor calidad para el Labrador.


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